Detención y medios de comunicación
es el artículo de Francisco Sola, padre de uno de los últimos detenidos en Nafarroa, publicado en GARA el 22 de marzo de 2002.
Francisco Sola * Padre de uno de los últimos detenidos en
Nafarroa
Detención y medios de
comunicación
Dicen los manuales de periodismo que la finalidad de la prensa es publicar, de la forma más concisa y objetiva, los datos de los sucesos que sean noticia. Sin embargo, basta una mirada a la hemeroteca para saber que de los manuales a la práctica el abismo es, en la gran mayoría de los medios, insalvable y que la información es sólo un instrumento más con el que la prensa difunde la línea de su editorial.
Viene esto al hilo de las noticias (en rigor no se les puede llamar informaciones) aparecidas en la prensa y en general en todos los medios a raíz de las operaciones policiales que se han llevado a cabo en Navarra en las últimas semanas y que han llevado a prisión a once personas. Desde el inicio de estas operaciones, los medios se desataron más de lo que ya tienen por costumbre ofreciendo una auténtica avalancha de datos que podría calificarse de sorprendente si no fuera porque lo que está en juego es algo mucho más serio que nuestra capacidad de sorpresa.
El pasado día 22 de febrero, de madrugada, seis jóvenes navarros eran detenidos e incomunicados acusados de formar parte de un comando de ETA. En el momento de dar la noticia, cuando aún no habían transcurrido ni 24 horas de la detención, algunos medios se habían provisto ya de datos con los que llenar hasta siete páginas de su periódico. Siete páginas de inculpaciones cuando los jóvenes permanecían incomunicados, cuando sus propios abogados no tenían, ni durante las detenciones ni posteriormente, acceso a sus declaraciones ni a las acusaciones de que eran objeto, porque las diligencias se han declarado secretas (¿secretas para quién?). Además, todos los partidos «a excepción de Batasuna», como recalcaba la mayoría de la prensa se felicitaron por las detenciones. Tres de los seis detenidos salían en libertad, sin prestar siquiera declaración ante el juez, dos días más tarde. La información ocupó mucho menos espacio que la de su detención y ni los medios de comunicación que les habían retratado como «integrantes de un comando» o «miembros de la banda terrorista» se desdijeron de las acusaciones, ni los partidos políticos de sus felicitaciones.
A lo largo de los cinco días de incomunicación de los detenidos, inculpaciones, acusaciones y, lo que es aún más grave, supuestas confesiones, siguieron llenando los espacios informativos y ocupando las páginas de los periódicos. Aún no habían declarado ante el juez, aún no había acusación firme contra ninguno de ellos, por supuesto no han sido juzgados y, sin embargo, la opinión pública los tiene ya por convictos y confesos de atentados cometidos y otros por cometer.
En el corto plazo de una semana, otras ocho personas eran detenidas e incomunicadas. Los medios, salvo contadas y honrosas excepciones, volvían a desatarse ofreciendo acusaciones y supuestas autoinculpaciones, inculpaciones a terceros y confesiones. En la misma edición en que se daba la noticia de la detención de cinco de ellos, un medio de comunicación navarro publicaba el organigrama del «complejo Nafarroa» en el que los detenidos apenas unas horas antes quedaban encuadrados en sendos comandos con sus respectivos atentados a cuestas. No hubo en ninguno de estos medios ni una sola palabra acerca de la alarma que causó el ingreso de Mikel Soto en la enfermería de una prisión al advertir el médico forense que no estaba en condiciones de declarar. Mucho menos ninguna men- ción a que todo parecía indicar que volvía a repetirse el caso de Unai Romano, que denunció fuertes torturas. Ni, claro está, a las pruebas de la existencia de la tortura que en su día muchos de estos medios se negaron a difundir. Ni una sola palabra de que todos ellos negaron ante el juez las acusaciones, de que han denunciado malos tratos... Esa no es sólo la información que no interesa, es la información que no debe llegar a la sociedad.
De la lectura de lo aparecido en la prensa alrededor de las últimas detenciones se desprenden hechos muy graves. Porque es muy grave, debe de serlo bajo cualquier circunstancia, que los que se llaman responsables de la información prescindan con tanta ligereza del principio de presunción de inocencia. Es cierto que algunos medios han incluido los términos «presunto» o «supuesto» en el cuerpo de la noticia, presunción o suposición siempre de culpabilidad, no de inocencia, pero acusación tajante en el tratamiento dado en los titulares. Y todos sabemos qué busca un titular. No hace falta creer o no en la culpabilidad de los detenidos, todos sabemos que, tras la andanada de noticias y acusaciones, supuestas confesiones y filtraciones, los detenidos iban a ser encar- celados. Con o sin pruebas, con o sin sus declaraciones, lo hayan negado o admitido y, aun si se diera el caso de que todo indicara que no eran ciertas las acusaciones, ¿cómo echar ya atrás lo que la maquinaria mediática había llevado tan adelante?
Pero, cuando algo así sucede con demasiada frecuencia, no es el acusado el único afectado, lo es toda la opinión pública a quien se le vende como veraz una información que puede no serlo. Pero no se trata sólo de si los periódicos mienten o no y cuánto y cómo, sino para qué. No es difícil darse cuenta de que detrás de la parafernalia de noticias de los últimos días se esconde la necesidad de afianzar en la sociedad la idea de que la vía policial es la única válida de pacificación para Euskal Herria. En el momento en que Batasuna presenta su propuesta para una solución democrática, se impone demostrar la efectividad de la actuación policial: tres comandos y un talde de colaboradores desarticulado. Pero aún hay otro mensaje, más subliminal, que se está tratando de insertar en la sociedad vasca: hay derechos fundamentales que no merecen consideración. A fuerza de despreciarlos, de ignorarlos cada vez con mayor insolencia, la sociedad terminará aceptando que esos derechos no son de primer orden. Que se puede o incluso se debe prescindir del derecho a la presunción de inocencia, a no declararse culpable, a una información veraz. La hemeroteca de las últimas semanas merece un repaso y y reclama tiempo para la reflexión. Una reflexión necesaria y urgente. Necesario y urgente se hace también responder y movi- lizarnos. Hoy, a las 8,30 de la tarde, desde Autobuses, una manifestación silenciosa denunciará la limitación de derechos fundamentales que se está dando de forma sistemática. Acudamos, no dejemos sin respuesta la represión, no nos acos tumbremos a vivir sin derechos. *